MARCOS DE CABRA
 
Nueva relación en que se refiere el trágico casamiento de este pobre hombre, vecino de Guadarrama que, después de unas alegres bodas, experimentó a pocos meses tanta multitud de partos en su casa que, por asistir a ellos no pudo comer ni descansar en todo el día. Dase cuenta de su grande aflicción y otras muchas circunstancias que verá el curioso lector.
 
 
El domingo se casó
Marcos el de Guadarrama,
digo, de Carnestolendas,
de la Cuaresma pasada,
casó con Juana Chamorro,
hija de Pedro Miranda;
él es hijo de Juan Crespo
y de María la Larga,
nieto del tamborilero,
que nació en Guadalajara.
Este tal tiene una tía
que es partera de Berlanga,
la cual, viniendo a la boda,
le ofreció a su nuera, Juana,
para empezar a vivir,
una burra con su albarda,
y que no la carguen mucho,
que hace juicio está preñada.
Su tío, el tamborilero,
una perra y una gata,
que también están encinta,
como la burra de Juana.
Su padre le dio una yegua;
su suegro le dio una vaca;
otro, una gallina clueca,
la cual estaba ya echada
con más de catorce huevos
gordos como unas granadas;
y un entrehermano de Marcos,
que es gran pescador de ranas,
a Juana le dio también
una cabra embarazada,
con un cencerro al pescuezo;
otro le dio una marrana,
con que el día de la boda
quedó su casa sentada.
Ahora verán la fortuna
del buen Marcos y la Juana,
y la gran dicha que tuvo
en las bodas ya citadas.
Casáronse, pues, al fin,
y hubo gran juego de cañas,
bailes de muchas maneras:
el canario y la pavana,
el villano y el romero,
seguidillas jerezanas,
y un fandango golpeado
que tocó la desposada.
Hubo muy grandes comidas,
y todas diferenciadas:
primero, pan y limón,
porque les abra las ganas;
el vino todo es de la Alcarria,
y para los desposados
tienen vino de Peralta;
sopas manchegas, jigote,
conejos, liebres guisadas,
estofado y picadillo,
albondiguillas, chanfaina,
carnero, vaca, tocino,
alcuzcuz y cabra asada,
pavos con su pepitoria
y pollas emperdigadas,
empanada de ternera,
las gallinas rellenas,
cubiletes y pasteles,
arroz, conserva, avellanas,
higos, nueces, peras, guindas,
melocotones, castañas,
y el postrer plato salió
de aceitunas sevillanas.
Salieron, pues, de comer,
y sus juegos comenzaban,
como referido queda,
con grandísima algazara;
y de allí a muy poco rato,
conforme bailando andaban,
dicen algunos que ven
más de cien mil luminarias,
que el mundo se arde alrededor
y que hay muchas fantasmas,
el fin, se llegó a la noche,
y con la fiesta celebrada,
el padrino y la madrina
dicen a Marcos y a Juana
que se vayan a acostar
y descansar en la cama,
diciéndoles que madruguen
a las diez de la mañana.
Ya se acabaron las bodas,
y los llevan a su casa;
trajeron lo referido
que le ofrecieron a Juana,
y de allí a tres meses justos,
fortuna tiene la dama;
pero es mayor la de Marcos,
cincuenta veces doblada,
pues se vio, por experiencia,
que a las seis de la mañana,
dio en suspirar la señora,
advirtiéndole que vaya
a llamar a la comadre,
que ya es la hora llegada;
y Marcos, como un cohete,
sin parar pie ni patada,
trajo la comadre a cuestas
para que no se enlodara,
donde con felicidad
parió la señora Juana;
corriendo trajo el fajero,
corriendo la echó en la cama,
corriendo puso el caldero,
corriendo calentó el agua,
corriendo ciñó el infante,
corriendo lo remudaba,
corriendo trajo la miel,
corriendo la sartén saca,
corriendo hizo torrijas,
corriendo se las dio a Juana.
Cuando pensó en descansar,
comenzó a bramar la vaca,
corriendo se va al corral
y vio que pariendo estaba;
asistiola al fin al parto
y la dejó asegurada.
A las ocho nada menos,
la yegua que relinchaba;
fue corriendo como un galgo
por ver en lo que paraba,
sin tener lugar siquiera
de rascarse las espaldas,
adonde tuvo también
que arremangarse las faldas,
la cual pariendo un mulo,
la yegua echada en la cuadra,
la asistió también al parto
y le echó paja y cebada,
y por si tenía sed,
le trajo un cubo de agua.
Cuando pensó descansar
y quiere volver con Juana,
oyó en medio del portal,
la burra que rebuznaba,
y metía más ruido
que si un lobo la matara;
aquí Marcos comenzó
a decir estas palabras:
"¡Que haya quien quiera casarse
para verse en esta traza!
A las nueve, cuatro partos
he tenido yo en mi casa,
¡vive Dios, que esto va malo!"
Pasó, aunque de mala gana,
también a asistir a la burra
con gran prontitud y maña,
la cual le parió un pollino
que tiene la pata blanca.
En fin, salió del establo,
y berreando la cabra,
ya la paciencia de Marcos
muy apurada se halla,
pues le fue fuerza también
ahijar el chico y la cabra
y sacarle los calostros
para que almorzara Juana;
metiola en el chivarero
y gruñendo la marrana,
fue corriendo a la pocilga,
y vio que pariendo estaba
catorce o quince marranos,
todos en una camada;
pero también asegura
que como diez días hagan
ha de comer la mitad
de los marranos que para,
y porque no se murieran
parteó también la marrana.
En fin, cerró la pocilga,
y maullando la gata,
metía tanto ruido
que parece, la mataban;
y como sabía Marcos
que está la gata preñada,
dice: "Otro parto tenemos,
con mil demonios, en casa";
y por salir de la duda,
fue al sobrado y vio la gata,
que en un esportón tenía
de gatos, una manada;
contolos, y vio que había
seis gatos y una gata.
Al bajar de la escalera,
en el pajar de la casa,
oyó Marcos que también
la perra refunfuñaba;
echando mil juramentos,
fue al pajar, y entre la paja
ha parido nueve perros,
seis podencos, tres de caza,
díjoles Marcos entonces
con muy risueñas palabras:
"Yo aseguro a los perritos,
que a los que estén en mi casa,
de podencos, sean galgos,
con facilidad sobrada";
pero, en fin, ya es mediodía
y no ha almorzado Juana;
voy a darle de comer
y a tomar yo una substancia,
que de asistir a paridas
ya puedo haber hecho gana.
Al bajar por la escalera
oyó que piando estaban
unos pollos en un cesto
que la gallina sacaba;
aquí se vio en confusión,
porque al ir a levantarla
le ha saltado la gallina
en un ojo una picada.
Echando mil juramentos
se fue corriendo a la cama:
"Esto me falta ahora
para completar la carga;
a la postre, quedar tuerto,
con ocho partos en casa.
Dime tu, ¿qué haré ahora,
esposa y querida Juana,
sin haber nadie que asista
a tanta mala canalla?
Pues tu querrás chocolate,
pero algarrobas, la vaca;
cebada querrá la yegua,
y centeno, la marrana;
la burra querrá salvado,
y hierba querrá la cabra,
y la perra querrá pan,
y sopas querrá la gata;
la gallina querrá trigo,
y yo, vino de Peralta.
Mas, ¿como será, Dios mío,
si todo esto nos falta?
y oigo al mismo tiempo,
está suspirando Juana
y relinchando la yegua,
está bramando la vaca,
la burra está rebuznando
y maullando la gata,
refunfuñando la perra
y berreando la cabra,
y cocleando la gallina,
y gruñendo la marrana,
y yo, en tanto que gruñen,
estoy rabiando el alma,
pues son las tres de la tarde
y aún no he comido nada;
si no es andar como un tonto
de la mujer a la vaca,
desde la yegua a la burra,
desde la cerda a la cabra,
de la gallina a los pollos,
desde la perra a la gata,
y las ganancias que tengo
al cabo de la jornada
es que no veo los toros
más que por una ventana".
Y así, amigos, si os casáis,
buscad mujer que no para,
y no tendréis cosa alguna
más que vosotros en casa,
y no tendréis la fortuna
que tuvo Marcos de Cabra,
que a tres meses de casado
tuvo ocho partos en casa.
Y aquí el humilde poeta
pide perdón de sus faltas.
 
FIN
 
*   *   *
 
Despacho: Sucesores de Hernando, Arenal, 11, Madrid.
 
(Document d'Adelaida Moles)
 
*   *   *
 
Trobat un exemplar a la Biblioteca d'Olot: consultar
 
Hem trobat també una referència a aquest mateix romanç en la web http://www.elsgnoms.com/Gnoms/132.html i diu que és de 1849