LAS DOCE HORAS
 
para que los galanes se diviertan en cantarlas a las damas de su aprecio
 
 
Oigo una voz tan profunda,
yo creo sea en su cuarto.
Tu eres soy y media luna
y has de ser mi dulce encanto
al punto que dé la UNA.
 
Eso bien lo sabéis vos,
que eres dama tan señalada,
pues me ha hechizado tu voz,
que sale por la ventana
al punto que dan las DOS.
 
Ya estoy postrado a tus pies.
Escucha niña con calma,
ya me oyes y no me ves,
que estás metida en la cama
al punto que dan las TRES.
 
Quién tuviera tu retrato
siempre a la vista presente,
bien adornado en mi cuarto
para verte cara y frente
al punto que dan las CUATRO.
 
Si yo pudiera, en un brinco,
a tu habitación entrar,
digo a la virgen de Vico
que pueda contigo hablar
al punto que den las CINCO.
 
Os repito y ya lo veis
como ahora estoy llamando.
Asómate y me veréis,
y estaré contigo hablando
al punto que son las SEIS.
 
No me digas: "Joven, ¡vete!"
porque te quiero, lucero.
Siempre estoy firme en quererte
y alcanzar tu cuerpo bueno
al punto que son las SIETE.
 
Yo sería hombre dichoso
si tu supieras querer,
pues con este cuerpo hermoso
te vengo de noche a ver
al punto que dan las OCHO.
 
Cuando digas: "Toma y bebe
de este licor dulce hermoso",
entonces sabrás quererme
y que pueda ser tu esposo
al punto que den las NUEVE.
 
Mi señora, ya lo ves,
el amor que yo te tengo.
Rendido estoy a tus pies
y hs de ser mi dulce dueño
al punto que den las DIEZ.
 
Me dices que duro, el bronce,
mi querer todo es firmeza,
dando en tu pecho un golpe
te diré, suma belleza,
al punto que den las ONCE.
 
Ay, que amor tengo, y lo goces,
que se pueda en tu persona,
que en esto tendrás tú goce,
hermosa blanca paloma,
todo soy tuyo, a las DOCE.
 
Las doce horas de la noche
muy bien las pueden cantar
los mocitos a sus damas
cuando salen a rondar.
 
FIN
 
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(Document d'Adelaida Moles)